viernes, 2 de marzo de 2012

CURIOSA ENTREVISTA
Entrevistas
Newsweek
El líder del cuerpo de delegados del Sarmiento y mayor exponente del sindicalismo de base reclama la estatización de los trenes, y analiza los límites del trotskismo dentro del movimiento obrero.
El local de la Bordó, la lista gremial de Sobrero, es un viejo galpón eléctrico que da a las vías del tren Sarmiento.
Entrevistas /  El líder del cuerpo de delegados del Sarmiento y mayor exponente del sindicalismo de base, Rubén "Pollo" Sobrero, reclama la estatización de los trenes, y analiza los límites del trotskismo dentro del movimiento obrero.
Por Andrés Fidanza

Lo cortés no quita lo combativo en la invitación que nos hace Rubén Darío "Pollo" Sobrero, a minutos nomás de haberlo conocido en la sede gremial de Haedo en que juega de local: "Pará, antes de empezar tengo que putear a alguien. ¿Querés escuchar?". Por supuesto que queremos y, entonces, Sobrero procede con teatralidad sindical: desenfunda un BlackBerry del bolsillo derecho de su jean gastado, saca un papel escondido en su chomba de piqué con el logo de TBA, concentra la vista en los diez numeritos escritos con birome, se acaricia la apoteótica melena platinada como para tomar envión; repasa el plan mental, uno, dos, tres segundos; y recién ahí marca. ¿A quién se dispone a putear? A otro dirigente sindical, también vinculado a los trenes, pero enrolado en la Unión Ferroviaria, el sindicato oficialista conducido desde 1985 (y hasta el año pasado, cuando fue detenido a raíz del asesinato de Mariano Ferreyra) por el mítico José Pedraza. ¿Motivos de la inminente puteada? Estrictamente políticos: Sobrero considera que tanto desde la empresa Trenes de Buenos Aires —concesionaria de la ex línea del ferrocarril Sarmiento—, como desde el Gobierno (a pesar de la intervención dispuesta sobre TBA), desde la Justicia y hasta desde la misma Unión Ferroviaria se busca instalar la hipótesis de la "falla humana" para explicar (y justificar) el tremendo accidente de Once. Una forma indirecta de disimular la responsabilidad empresaria y también la estatal. Porque a la hora de reflexionar sobre el poder y las instituciones de la Argentina, el líder del cuerpo de delegados del Sarmiento (reelegido sin falta desde 2001 con su lista La Bordó) arranca desde un sólido y altísimo piso de desconfianza que se sostiene sobre tres pilotes: su formación trotskista, su experiencia laboral y su instinto ideológico.

Sobrero ya apretó el botón verde de su celular y, mientras espera que lo atienda el de la Unión Ferroviaria, camina rabiosamente en círculos con sus Topper de lona roja. Está ansioso por putear, pero la operación se frustra porque del otro lado le da el contestador: "¡Carajo, no me atiende!". Intenta de nuevo, y lo mismo. La incomunicación se volvió una escena central de la militancia sindical trotskista: una sucesión de planteos y reclamos estructuralistas que, por intrincados y antipáticos, nunca son del todo atendidos por la realpolitik, ni comprendidos por la sensibilidad crispada de los usuarios. "¿Sabés hace cuánto que venimos avisando que algo así podía pasar?", se jacta Sobrero, y en unas horas va a insistir desde su cuenta de twitter @PolloSobrero: "Qué pena que la compañera presidenta no nos escuchó en todos estos años cuando sus funcionarios miraban para otro lado!".

¿Pudo hablar con el maquinista Marcos Córdoba?

No, pero sé que está muy golpeado. Es un compañero que no se va a recuperar jamás. Va a cargar toda su vida con la cruz de los 51 muertos. Realmente no me gustaría estar en su lugar.

Más allá de la falta de inversión o controles, ¿no pudo tratarse de un error humano del maquinista?

Sí, claro que pudo haber una falla humana o técnica. El tema es si se usa esa falla para no discutir los problemas de fondo.

¿Cómo pudieron haber influido esos problemas en el accidente?

En TBA se trabaja de una forma en que las fallas están completamente naturalizadas. Es como el contexto de LAPA, donde los pilotos ya ni daban bola a las alarmas. Y encima juegan con la presión de los usuarios: porque si vos parás el tren porque algo falla, te lo entienden una vez, pero a la segunda ya hay dos mil pasajeros que te quieren comer el hígado. No se puede seguir trabajando en estas condiciones.

¿Qué solución propone?

Hay que reestatizar todas las empresas concesionarias de trenes, y no sólo TBA.

¿Existen los recursos humanos para una gestión estatal de todos los trenes?

¿Te parece poco el recurso de los trabajadores? La materia prima está: hay técnicos, motoristas, administrativos... No veo por qué no los podríamos manejar nosotros.

¿Y cómo se financiaría esa administración?

De dos formas: con lo que ya se gasta en subsidios, más la plata que dejan los trenes de carga. Que la carga subsidie a los pasajeros.

¿Está seguro de que alcanzaría para renovar toda la infraestructura del tren?

Con lo que crecieron las exportaciones, la carga podría financiar las vías, los coches, las señales, todo. En vez de usar tantos camiones, se podría ampliar el sistema de trenes por todo el país, que además es más seguro y rápido que el de los camiones.

Ahí se ganaría un enemigo pesado.

No, no, Moyano no se va a enojar. Sería injusto. Yo lo voy a llamar y los voy a convencer. [Sonríe].

¿Respeta a Hugo Moyano?

Tenemos distintos métodos sindicales, pero cuando yo estuve preso (lo acusaron de quemar vagones del Sarmiento durante una protesta de mayo de 2011), Moyano me llamó y se solidarizó conmigo. Por eso le voy a estar agradecido toda mi vida.

¿Cómo se explica el desprestigio que tienen los dirigentes gremiales, incluido Moyano?

Porque el 90 por ciento demostró que se mete para robar.

¿Qué critica de Moyano en su rol de secretario general de la CGT?

Que la CGT tiene que representar a todos los trabajadores y no solamente al partido peronista. Por ejemplo, yo soy socialista. ¿Por qué no puedo llegar a conducir la CGT?

Sus primeros veinte años de vida, Sobrero los vivió en un cuerpo justicialista: una militancia pasiva, al principio; y vinculada luego a la JTP (la Juventud Trabajadora Peronista) desde su primera adolescencia.

Hasta que a los 20, todavía bajo la dictadura militar, una mujer —"una mina que al final no me dio bola"— lo llevó a una reunión clandestina del Partido Socialista de los Trabajadores. En esa cita se concretó su big bang trotskista y, desde aquel día, Sobrero se desperonizó sin transformarse —como se decía entonces y se vuelve a decir ahora— en un exponente del "gorilismo".

A principios de los ‘90, lo echaron de Entel (hoy Telecom), y en 1995, después de pasar un año "cagado de hambre", entró a TBA para ocuparse de arreglar cables, teléfonos y radios. Apenas empezó a trabajar como ferroviario, se autojuró no meterse en la actividad gremial. Pero una vez garantizada la estabilidad laboral —y constatadas las condiciones— autoincumplió su promesa. Ahora, Sobrero está rentado por el cuerpo de delegados del Sarmiento: se dedica full time a lo gremial y se consagró como una de las caras (y los pelos) más reconocibles del sindicalismo de base. En el medio, tuvo cuatro hijos (hoy de 32, 26, 16 y 14 años) que se definen como "apolíticos". Una decisión que, lejos de ser una sorpresa, es la reacción esperable en hijos que crecieron con un "padre algo ausente". Y es precisamente ese choque entre vocación pública y presencia familiar lo que Sobrero define como "la peor mierda que tiene la militancia".

¿Por qué piensa que la clase trabajadora vota al peronismo y no a la izquierda?

Tiene que ver con las conquistas históricas que el peronismo dio a los trabajadores. Pero después el PJ se volvió un partido entreguista, y hoy cuando decís "peronismo" no se sabe si hablás de Perón, de López Rega, de Isabelita, de Rucci, de Menem o de Kirchner.

¿Y qué es ser trotskista?

Es luchar por una sociedad distinta a la actual, sin clases sociales, en la que el trabajador sea el sujeto central. Una sociedad con trabajo, derechos y viviendas para todos de verdad.

Si estamos a 400 kilómetros de Mar del Plata, ¿a cuántos kilómetros estamos de esa sociedad?

A 401.

¿Cree en la gente?

Siempre. Me viejo, que es peronista, me dice que yo creo demasiado en la gente. Pero fue la lucha de la clase obrera lo que me sacó de la cárcel. Los cambios son procesos que se logran por la gente más que por lo que hagan los dirigentes.

Pero los liderazgos son decisivos en los procesos de cambio, ¿no le parece?

Tiene que haber alguien preparado para dirigir. Eso faltó en 2001: la sociedad estaba lista para un cambio, pero faltó una dirigencia que acompañara esa voluntad.

¿Cuánto influyen los medios masivos en ese proceso de creación de consciencia?

Atentan, y funcionan como la autodefensa del sistema. El otro día, fui a un programa de cable y hablé sobre los problemas del sistema ferroviario. Al bloque siguiente, entró un tremendo gato rubio. Así la pelea es desigual, porque dudo que la gente se haya acordado de lo que yo dije.

Los propios partidos de izquierda también deben tener alguna responsabilidad.

Hay mucho infantilismo y estupidismo en la izquierda. Porque sus militantes son educados en la cultura de que el enemigo es el otro partido de izquierda que le robó un militante. Priorizan eso en vez de hacer causa común contra este sistema.

¿Reconoce méritos al kirchnerismo?

Sí, varios, como la Asignación Universal y la ley del matrimonio igualitario. Pero pienso que en las políticas de fondo el kirchnerismo gobierna para los poderosos.

Le hago la última: el pelo…

Noooo, no me joda con eso. No me pregunte cosas de pequeñoburgués. 

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